¿Por qué algunas personas son capaces de mantenerse sanas a pesar de sufrir circunstancias adversas, mientras que otras caen enfermas con el más ligero vientecillo?

Ya hace 30 años que el médico y sociólogo estadounidense-israelí Aaron Antonovsky desarrolló el modelo conceptual de la salutogénesis. Desde entonces muchas de sus tesis han demostrado ser correctas, aunque al menos en un aspecto sí se equivocó. Por suerte.

¿Por qué algunas personas son capaces de mantenerse sanas a pesar de sufrir circunstancias físicas y psicológicas adversas, mientras que otras caen enfermas con el más ligero vientecillo? ¿Por qué algunas se recuperan en tiempo récord, mientras que otras permanecen postradas durante largo tiempo? Con este tipo de preguntas se tropezó el neurólogo y psiquiatra Aaron Antonovsky duranteun estudio epidemiológico realizado con ex prisioneras de campos de concentración. Con las respuestas que finalmente obtuvo concibió un modelo conceptual al que denominó “salutogénesis” (de salus, salud en latín, y Γένεσις, origen en griego). En última instancia, se lo puede concebir como una alternativa a la patogénesis, es decir, al enfoque que determina el modo de actuar de la medicina de hoy.

En términos simples, la salutogénesis significa

  • investigar las causas de la salud, no las de la enfermedad
  • concentrarse en los recursos y no en los factores de riesgo
  • considerar que entre la salud y la patología existe un continuo, no un límite
  • entender la salud y la enfermedad como procesos, no como resultados.

Una vida coherente

En este modelo conceptual, el sentido de coherencia (Sense of Coherence, SOC) desempeña un papel central. Según una metáfora del mismo Antonovsky, describe la capacidad de nadar en el río de la vida. O, si se prefiere una definición menos poética, la sensación de que la propia vida transcurre de forma coherente y se puede modelar. El sentido de coherencia se manifiesta en tres niveles: comprensibilidad, gestionabilidad y significado. El mundo es comprensible si los mensajes del propio cuerpo, los pensamientos y los sentimientos se pueden clasificar, si se interpretan adecuadamente las informaciones del entorno, y los problemas se pueden contemplar dentro de un contexto más amplio. El mundo es gestionable si se dispone de suficientes recursos físicos, psíquicos, materiales y psicosociales para resistir y hacer frente a las adversidades. Y tiene significado cuando existe claridad sobre los propios valores, cuando la vida se contempla como algo con sentido, cuando hay compromiso.

“La idea de Antonovsky era que en el sentido de coherencia se concentran todos los recursos que una persona hubiera adquirido en el curso de su vida”, explica el Dr. Ulrich Wiesmann, terapeuta de trauma de la Universidad de Greifswald. “En su opinión, una persona con un sentido de coherencia muy acentuado reacciona con flexibilidad ante las adversidades para superarlas; en cambio, la respuesta de una persona con un bajo sentido de coherencia es rígida, ya que dispone de menos recursos para hacerlo.” ¿Pero se puede utilizar este factor para predecir el estado de salud mental y física, tal como suponía Antonovsky?

6.000 publicaciones al año

Gracias al número todavía creciente de investigaciones sobre la salutogénesis (Pubmed enumera alrededor de 6.000 publicaciones al año con esta palabra clave), esta pregunta se puede responder hoy de forma bastante fundada. “El sentido de coherencia se correlaciona bien con la salud psíquica, pero menos con la física”, resume Wiesmann la situación actual. Él mismo encontró resultados similares en el marco del “Estudio sobre la vejez de Greifswald”. Y también pudo exponer algo que Antonovsky no había creído posible.

“Antonovsky suponía que el sentido de coherencia se desarrollaba hasta alrededor de los 30 años de edad, para después mantenerse estable”, dice Wiesmann. Es decir, una armadura más o menos resistente con la que hay que subsistir toda la vida. “Pero en nuestro estudio observamos que personas sanas con una edad promedio de 66 años conseguían fortalecer significativamente su sentido de coherencia, a través de ejercicios de resistencia y fuerza, yoga y meditación”, reporta Wiesmann. “Al mismo tiempo se produjo una mejora del bienestar general, el bienestar físico y la salud psíquica, al tiempo que se reforzaron importantes recursos como la autosuficiencia y la autoestima.”

La especial importancia de la prevención

“Entretanto, las correlaciones entre el sentido de coherencia y varios indicadores de salud han sido detectadas en los estudios a largo plazo”, confirma el Dr. Toni Faltermaier, de Flensburgo. “Aquí se incluyen por ejemplo la percepción subjetiva de la salud, pero también factores como el ausentismo laboral o el riesgo de sufrir una enfermedad coronaria.” Esto deja en claro por qué los enfoques salutogénicos actualmente gozan de tanta popularidad en la prevención y promoción de la salud.

Faltermaier utiliza como ejemplo el trabajo con jóvenes con riesgo de adicción. “Las adicciones o problemas conductuales son a menudo el resultado de algunas tareas evolutivas no resueltas. Pero eso no va a ocurrir advirtiendo a los jóvenes de que beber alcohol conduce a la cirrosis hepática en 20 años.” En vez de eso, se podría intentar transmitirles recursos como la autoestima o la autoeficacia para que ya no tengan que eliminar sus problemas a través de la bebida. “No siempre se da en la diana porque nuestro enfoque no es específico, pero se llega mejor a los jóvenes que a través de la prevención de riesgos”, afirma Faltermaier. Y de nuevo se aplica que los efectos positivos no se limitan a las personas más jóvenes.

Entrenamiento salutogenético para personas con enfermedades psíquicas

Gerhard Cramer, un trabajador social del Centro de Atención a las Enfermedades de la Universidad Técnica de Munich, utiliza principios salutogenéticos para proteger de una recaída a los pacientes que sufren de depresión y esquizofrenia. “Disponemos de un entrenamiento salutogenético ajustado a las necesidades de las personas con enfermedades psíquicas, y lo ofrecemos como parte de nuestro ‘Modelo de Múnich de Atención Integral’”.

Este entrenamiento consta de nueve unidades, cada una de hora y media de duración, que se imparten semanalmente. “Los pacientes aprenden sobre todo a identificar recursos de los que pueden obtener fuerza”, explica Cramer. “Puede tratarse de deporte, de una afición, de técnicas de relajación, contactos sociales o también de una organización cronológica de las actividades del día que les permita estructurarlo sin estresarse.”

Centrándose en los componentes saludables

Entretanto, unos 40 pacientes ya completaron el entrenamiento en Múnich, y Cramer se siente satisfecho con los resultados. “Los pacientes se centran en los componentes saludables, y no en lo que los enferma. Gracias a esto, en estos grupos se ríe mucho más que en los demás, y los pacientes experimentan en poco tiempo que disponen de la capacidad de apoyarse mutuamente.” De modo que en última instancia también con ellos se confirma el efecto del sentido de coherencia. “Diez semanas después del final del curso hemos observado una mejora significativa en casi todos los pacientes participantes, que también se registra en el promedio.” Por lo tanto, Cramer confía en que la incidencia de recaídas de episodios depresivos o esquizofrénicos disminuya.

De modo que la salutogénesis representa un enfoque que podría resultar de interés para los médicos. “En el campo de la medicina general, en los enfermos de cáncer, en enfermedades crónicas y en la investigación se encuentran enfoques análogos una y otra vez”, dice Faltermaier. “Porque actualmente sabemos que el afrontamiento de una enfermedad y las posibilidades curativas se incrementan con un mejor sentido de coherencia.” Es muy posible que los mejores años de la salutogénesis todavía estén por llegar.

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